{Por qué mi respuesta importa} aquí y ahora…

moody

 

Deja que Dios tenga el control de tu vida, Él puede hacer más con ella de lo que tú puedas hacer.”

Dwight L. Moody

 

“¡Se levantó de la tumba, Resucitó!”

Cerré los ojos mientras cantaba a pleno pulmón las palabras, y podía oír la voz fuera de tono de mi mamá tan claramente que ella podía haber estado sentada justo a mi lado.

Todos esos domingos de Pascua mientras estaba creciendo, ella entonaba esas palabras a mi lado. Apenas podía quedarse sentada, porque creyó y vivió con la esperanza de esas palabras todos los días. Todos los años, al igual que el año anterior, ella me agarraba de la mano y la levantaba más alto de lo que era cómodo para mí, y con cada nueva nota, ella alzaba nuestros puños al aire, adorando con todo lo que tenía.

 

Altísimo y fuera de tono.

Y ahora mi pobre muchacho es el que se sienta a mi lado, y quizás esté orando para que ninguno de sus amigos lo estén viendo. Es el domingo de Pascua, y yo no puedo contenerme.

Pero entonces llegó el lunes. La vida se puso dura. La corona de espinas, la cruz, los clavos – todo se puso borroso, y mi fe fue desafiada una vez más.

Es un círculo vicioso – una lucha constante – ese lugar donde mi fe y este mundo se encuentran.

 

Anhelo una fe consistente como la de un niño. Tengo una hija que ora oraciones audaces. Puede que ella sólo sea de cinco años, pero pide que el poder de Dios se muestre como ustedes no creerían. Su voz tiene fuerza detrás de ella, y no hay duda en su mente de que Dios puede manejar más de lo que ella acaba de poner a sus pies. ¿Pero yo? Elevo unas alabanzas acerca de Su victoria sobre el pecado y la muerte en la mañana de Pascua, y una hora más tarde estoy dudando de Su plan aquí y ahora.

Él alimentó a los cinco mil. Él caminó sobre el agua. Sin embargo, al día siguiente, la multitud lo siguió hasta el otro lado del mar y tuvo la audacia de decir: “¿Qué señal haces para que podamos ver y creer?”

 

“Y Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero como les dije, me habéis visto y todavía no creéis.”Juan ~ 6:35-36

 

 

Me has visto y todavía no crees.

Luego vino la cruz, donde Él tomó el pecado de toda la humanidad. El castigo que debería haber sido mío. Luego vino la resurrección. La victoria sobre la que yo cantaba con tanta pasión el domingo por la mañana. Entonces, demasiado rápido mi enfoque cambió, y las palabras de la multitud muy bien pudieron haber sido mías: ¿Qué señal haces para que veamos y creamos?” Yo voy a atreverme a desafiarlo, a probarse a Sí mismo una y otra vez el lunes que viene.

Como si la cruz no fue suficiente.

Así que antes de que los días y las semanas y este mundo desordenado comience a desdibujar mi punto de vista de la cruz, tengo que parar y recordarme a mí misma esto:

 

“La cruz no sólo da esperanza para la eternidad. La cruz también da poder al aquí y ahora.”

A los pies de la cruz, el amor perfecto es derramado.

A los pies de la cruz, el perdón está disponible en abundancia.

A los pies de la cruz, la gracia se da generosamente.

A los pies de la cruz, los débiles se hacen fuertes.

A los pies de la cruz, la muerte es conquistada.

A los pies de la cruz, la paz duradera se encuentra.

A los pies de la cruz, allí están la libertad y la VIDA NUEVA.

A los pies de la cruz, puedo rendir el aquí y el ahora, sé que puedo confiar en Aquel que ya ha hecho el trabajo por mí.

He tratado de vivir en mi propia fuerza. Oh, lo he intentado. Y aunque reuní cada gramo de energía que me quedaba, ahora sé que no voy a llegar a ninguna parte ni a nada que importesino empiezocadadía-y vivocada momento-a los pies dela cruz.


Hoy y todos los días, no tengo otra opción. Mi respuesta importa.


Jesús, confío en Ti, en el aquí y el ahora. Llévame de vuelta a los pies de la cruz.

 

 

y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales

~ Efesios 1:19-20

 

** Hablemos: ¿Qué es lo que te impide confiar en Dios en el “aquí y el ahora”?

A sus pies,

 

Whitney

 

Traducido por Joanna Pérez de Merino

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