Lo que hace profundizar las relaciones

Nunca olvidaré estar sentada en el salón de clase y escuchar por última vez el timbre de la campana de la escuela, señalando el comienzo del fin de semana. Estaba en sexto grado y por fin había llegado el día de la gran fiesta. Una de las chicas más populares de la escuela me había invitado a mí – tímida, poco popular, rara yo – para acompañar a un gran grupo de chicas a su casa para una pijamada por su cumpleaños. Sentí como si finalmente hubiera llegado. Después de todo, estas eran las chicas a las que los muchachos del equipo de fútbol escogían para animarlos en los recesos. Y yo iba a ir a esa fiesta.

El regalo debía de ser perfecto. Yo era muy ahorradora, así que la idea de gastar mi propio dinero me hacía sonrojar, pero este era un evento extra especial. Recorrí y examiné cada pasillo con cuidado hasta encontrarlo. El más perfecto y hermoso monedero color sora. Oh sí, aún puedo cerrar mis ojos y verlo. El precio era más de lo que hubiera gastado normalmente, pero era un sacrificio que esta estudiante de sexto grado estaba dispuesta a hacer, viéndolo como si mi reputación estuviera en juego.

Corrí a mi casillero, agarré el regalo que había escogido y envuelto con tanto cuidado y corrí afuera para encontrarme con mi amiga y el resto de las chicas de la fiesta que estaban reunidas en las puertas del autobús. Pero al ir acercándome, sus caras se veían confundidas. En un instante, mis sentimientos de euforia se transformaron en desesperación.

“Lo siento, cambié de idea. Quizás la próxima vez. Lo entiendes, ¿verdad?”

Lloré todo el camino de vuelta a casa y hasta altas horas de la noche en el regazo de mi mamá, con el monedero rosa a mi lado como un recordatorio de mis heridas frescas.

Y aprendí que las amistades que se basan únicamente en cosas superficiales y mundanas – y en mi propio egoísmo –  a menudo conducen a la decepción y al vacío.

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Unos años después, en el campus de la universidad. Teníamos dieciocho años y pensábamos que podíamos conquistar el mundo, hasta que el mundo nos humillaba a lo grande y reconocíamos nuestra gran necesidad por Jesús como nunca antes. Nuestros futuros eran inciertos, nuestra carne era débil y nuestra resolución era continuamente desafiada. Así que estudiábamos nuestra Biblia juntas. Hacíamos un círculo y cantábamos cancines de alabanza, nos tomábamos de las manos y orábamos hasta tarde en la noche por cosas como nuestra carrera universitaria y muchachos y le rogábamos a Dios que nos librara de química orgánica. Y le dimos a Jesús cada pequeña parte de nosotras, en una entrega completa.

Y aprendí que de la misma forma que el hierro aguza el hierro, un amigo aguza al otro (Proverbios 27:17)

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Adelantémonos unos años más a una llamada de las que cambia la vida, demasiado tarde en la noche como para ser buenas noticias. Acabábamos de comenzar nuestras familias y estas maravillosas mamas jóvenes se estaban convirtiendo en mi tabla de salvación hacia la cordura en medio de noches sin dormir y vómitos y niños pequeños que no obedecían. Después de esa devastadora llamada, Dios unió nuestros corazones en formas mucho más profundas que quedar para jugar o intercambiar ropa de maternidad. Pedimos a Dios que sostuviera a nuestra amiga, ahora viuda, y lloramos al Padre Soberano para que fuera el Padre de los que ya no tenían padre. Preparábamos comidas, hacíamos proyectos de mejora en el hogar y suplíamos la necesidad una y otra vez. Nos agarrábamos de las manos en los diagnósticos difíciles, cuando los niños estaban enfermos y cuando enfrentábamos batallas espirituales que se llevaban hasta la última gota de nuestras fuerzas.

Y aprendí que, especialmente cuando conoces el amor de Dios, es un honor dar la vida por tus amigos (Juan 15:12-13)

foto 3 grupo

Adelantémonos unos años más a la sala de espera de un doctor. Esperé con impaciencia a que su cita terminara, orando todo el tiempo para que no fuera nada. Un bulto inofensivo y nada más. Pero Dios tenía algo hermoso en mente. Las amistades que se llevan a niveles más profundos, son fortalecidas por un gran Dios que incluso puede utilizar el cáncer para bien. Había fiestas de pedicura antes de la quimioterapia, versículos de ánimo escritos en tarjetas, viajes a comprar pelucas y pañuelos para la cabeza y muchas risas. Y noches desesperadas después de la quimio en las que todo lo que podía hacer era orar, leer la Biblia en voz alta y deslizar mis dedos a través de su cabello, cada vez más fino.

Y aprendí que dos son mejor que uno, porque uno puede ayudar al otro (Efesios 4:9-10)

Crecer es duro. Pero crecer en Cristo, juntas, mano a mano, vale la pena.

 

Soporta,

Edifica.

Cree.

Lucha por ello de rodillas, mirando al Único que puede tomarnos en Sus manos y unirnos a medida que crecemos y evolucionamos y cambiamos más y más a Su imagen.

¡Oh que pudiera dejarme a mí misma a un lado y amar como Tú, Jesús. Eso es lo que hace que las amistades se profundicen…

A Sus pies,

Whitney1

GoodMorningGirls.org

Traducido por: Joanna Pérez de Merino

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One Reply to “Lo que hace profundizar las relaciones”

  1. Que hermosa enseñanza !!! Mi alma se llena al saber que el darse para los demas vale la pena ,aveces me han llamado tonta por dejar de comer y dar mi comida a otro,pero a mi no me a pesado y ahora se ,que quien recibió mi apoyo,también aprendió a conocer el amor incondicional,Dios bendiga cada día su ministerio,cada mañana son una bendicion para mi vida ,abrazos !!!

    From my HTC Sensation 4G on T-Mobile. The first nationwide 4G network

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