CAMBIADA PARA VIVIR UNA VIDA DE FE

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Era enero de 2010, y un terremoto había destruido las calles y la vida de Haití. Y mientras el mundo observaba la lucha de un país donde se desarrollaba la tragedia, una lucha interna estaba sucediendo dentro de mí.

 “El que es fiel en lo muy poco, también se le puede confiar mucho, y el que es deshonesto con muy poco también lo será en lo mucho.” ~ Lucas 16:10

Había estado orando para que Dios me cambie.

 ¿Alguna vez sientes como si estuvieras en una mala racha, y ni siquiera estás segura de por qué? Esa era yo. Espiritualmente, emocionalmente, incluso físicamente.

Sin embargo, por Su gracia, Dios usó los acontecimientos en Haití para captar mi atención ese día. De mi diario:

 No puedo hacer una sola cosa en todo el día sin que las fotos

 de la devastación inunden mi mente.

 Pienso en ojos oscuros y tristes cubiertos de escombros y huérfanos sucios,

 cuando limpio la cara de mi bebé.

 Raspo la comida extra de su sillita de comer y pienso en el hambre.

 Me estremezco con un corte de papel y luego recuerdo sus heridas. Su dolor.

 Subo a la cama cómoda y oro para que sean capaces de dormir,

 de alguna manera, bajo las estrellas.

 Me siento abrumada por el desorden de juguetes, mientras ellos anhelan las necesidades básicas de la vida.

 Anhelo un momento de paz en medio de una casa llena de caos,

 y pienso en aquellos que desean tener a sus seres queridos.

 

Mi mente volvió a 1995, cuando me paré en los caminos de tierra, entregando lápices, goma de mascar y  esperanza a hambrientos, sufridos niños. Cuando la vida era mucho más sencilla y la misericordia parecía venir más rápido a mí. Mi mente no estaba abarrotada de las cosas de este mundo, como mucho. Al menos esa semana de vacaciones de primavera, cuando llegué a ser testigo por primera vez cómo es la vida – y la pobreza – fuera de mi pequeño mundo universitario.

 Mientras me rompía la espalda trabajando para evitar tomar préstamos estudiantiles, la gente se moría de hambre en ese pequeño pueblecito de Haití.

 Un buen amigo llamado Tyler (que más tarde se convertiría en mi esposo) estaba en ese viaje también. Nos sentábamos juntos en las escaleras fuera de nuestro edificio de apartamentos cada noche, escuchando los cantos de vudú de la aldea vecina. Nos sentamos en la oscuridad pura, sin electricidad ya que los generadores habían sido apagados en la noche. Él tocaba la guitarra. Nos gustaba cantar un poco y luego orar un poco. Me preguntaba cómo un lugar – un pueblo – que estaba tan perdido, podría encontrar a Dios.

Y ahora, después de tantos años, estoy agradecida de que es Dios quien hace el hallazgo.

 “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por lo tanto, no temeremos, aunque la tierra ceda y se traspasen los montes al corazón del mar. Aunque sus aguas rugen y espuma y tiemblen los montes con su creciente … “~ del Salmo 46

 No es que la crisis fuese acerca de mí, pero Dios estaba haciendo una obra en mí a causa de ella. Él respondió a mis oraciones y mis súplicas para que su Palabra cobrara vida en mí de una manera fresca y nueva. Quería mucho que fuera como yo era  en esos tiempos haitianos hace casi dieciocho años. Abrumada por el dolor y la culpa de mi egoísmo, me senté en el suelo de mi baño durante la hora de la siesta, con lágrimas corriendo por mi rostro, absorbiendo los Salmos que había leído en voz alta. Dios me encontró allí. Y Su Palabra vino  avivarme.

 Había pasado demasiado tiempo.

 ¿Cuándo había llegado a estar tan descontenta con toda la provisión de Dios para mí? ¿Cuándo dejé de administrar bien lo que Dios  había encomendado a mi cuidado?

Algo tenía que cambiar.

 Unas noches más tarde, sentados en la cama, agarrados de las manos y formando un círculo con mi marido y mis tres hijos, uno por uno, nosotros levantamos al pueblo de Haití a Aquel que es nuestra “ayuda siempre presente.” Es fue la primera de muchas noches que comenzamos con pasión, constantemente a orar de nuevo por alguien – algo – que no sea nosotros mismos. Y se sentía bien. Muy bien. Un paso de bebé para estar seguros, pero uno que nos libera de nuestra auto-absorbencia y orgullo.

Un par de días más tarde vi como mis hijos – por su cuenta – asaltaron sus bolsas Ziploc llenas del dinero de dientes-perdidos-y-cumpleaños. Marcaron sobres de diezmos separados “para Haití”, rellenos de su dinero, de una manera más informal. Después nos sentamos y miramos las imágenes de Haití en línea, y el mayor, convicto y lleno de compasión, trajo otro dólar también. Sus diecinueve dólares parecían tan minúsculos, pero ¿por el trabajo que hicieron en sus corazones? Inestimables.

Recuerdo que pensé: “Yo no quiero olvidar todo esto dentro de una semana.” Y sigo orando contra el olvido cada día. Cuando es evidente que no se trata de mí y he tenido poco sueño y mi paciencia no es lo que debería ser.

Quiero vivir cambiada, para poder vivir una vida que sea fiel.

 ¿Te gustaría?

 Él cambia las vidas, ya sabes. El mismo Dios que creó el universo. Quién permite las cosas que no entendemos para cumplir con Su plan y propósito. Y Él te encontrará donde estés. Incluso si se trata de un piso de baño, o un pozo del que pensamos que nunca vamos a salir. Si lo dejas.

 Oh ser cambiadas, para que seamos fiel en lo poco, para que podamos ser fieles en lo mucho.

Jesús, ayúdame a no olvidar…

A Sus pies,

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Traducido por Joanna Pérez de Merino

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6 thoughts on “CAMBIADA PARA VIVIR UNA VIDA DE FE

  1. WOW!!!!!!! Dios te bendiga Withney a ti y tu linda familia……. El Espiritu Santo llene de mensajes tu alma y corazon para que puedas seguir trasmitiendolos a tanta gente que los necesitamos. En el amor de Cristo. Leticia

  2. Whitney, gracias por este testimonio tan hermoso. Tus oraciones, como las que revelas en este testimonio, dirigidas a un proposito determinado son efectivas y eficaces, son las que sostienen a los santos en los lugares de trabajo como lo es el “campo” misionero en Haiti. La iglesia ha crecido enormemente en Haiti gracias a oraciones como la tuya y de obreros que estan en el campo llevando el Evangelio de distintas maneras, pero hay mucho trabajo por realizar. Mi oracion a Dios es que transforme las mentes de mis hermanos haitianos. El vudu y otras ataduras en la cultura atrasan la obra, pero mis ojos pueden ver mas alla… Dios esta trabajando en medio de ellos y cada vez se van añadiendo mas y mas al Reino de los Cielos. A El toda la Gloria! Gracias por compartir tan hermoso testimonio. Un abrazo desde Haiti, Chela Toro

  3. recien pude leer este devocional, muchas gracias porque me es de mucho aliento, mi esposo tuvo un accidente la semana pasada y se fracturó los dos huesos de la pierna derecha,en esos días me robaron la billetera con todos nuestros documentos y tarjetas, tengo dos hijos, uno de 7 meses y otro de 2 años 9 meses, que tengo que descuidar por atender a mi esposo y me preguntaba ¿que hice mal? ¿que me quieres enseñar en este tiempo? y al parecer ya tengo la respuesta. Thanks a lot

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