Errores costosos

 

 

errores costosos

Cuando se trata de ser padres, ¿qué es más importante, Dios o el dinero? Puede ser fácil decir “Dios” hasta que tus hijos cometen un error costoso… y es ahí donde nuestro verdadero color sale a la luz.

Nos sucedió a nosotros hace más o menos un año. Nuestra hija adolescente estaba justo detrás de nosotros en su carro, yendo a casa desde la iglesia, cuando recibimos una llamada telefónica. Ella estaba llegando a lo alto de una colina cuando golpeó la parte trasera de un carro estacionado. Afortunadamente, ella y su hermano, con quien estaba en el carro, no sufrieron ni un rasguño. El otro carro sufrió pequeños daños, pero el de mi hija estaba destrozado (¿Puedes escuchar los signos de dólar?).

John y yo nos habíamos sacrificado al darle nuestro viejo carro en lugar de venderlo o cambiarlo. No sólo eso, acabábamos de gastar casi mil dólares en reparar el motor y, como sólo lo teníamos asegurado al mínimo, todo se había esfumado. Además, tuvimos que comprar otro carro usado, puesto que nuestros hijos adolescentes lo necesitaban para ir a la escuela y al trabajo.

En Lucas 16:15 Jesús dice: “Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.”

John y yo luchábamos por ser padres buenos, piadosos, amorosos y perdonadores, pero por dentro, yo quería explotar. Nuestra hija debería haber prestado más atención. Su irresponsabilidad nos robó el dinero por el que tanto habíamos trabajado para ahorrar.

Mientras yo me enojaba (por dentro sobre todo), mi esposo John ofreció gracia a nuestra hija. El lidió con el carro destrozado, pasó semanas buscando otro carro usado. Más que eso, utilizó esta experiencia para compartir sobre la gracia de Dios. Dios nos da lo que no merecemos, y está ahí par recoger nuestros pedazos cuando metemos la pata. Las palabras de mi esposo expresaban eso. Sus acciones lo probaban.

Mi alma se calmó después de algunas horas, pero este evento realmente me mostró que le había dado al dinero un lugar de preeminencia en mi mente y en mi corazón. Esta no fue la única vez en la que mis hijos ocasionaron una lección costosa y, como mi amigo Phil comparte en nuestro libro Lead your family like Jesus/Guía a tu familia como Jesús, lo que más importa es lo que tu hijo aprende del error.

 

Superando los errores

 

El liderazgo familiar lleno de gracia trata sobre convertir los errores en oportunidades de crecimiento. Jesús fue modelo para esto cuando, después de Su resurrección, se encontró con Pedro, quien le había negado tres veces después de Su último arresto. Podía haber habido un rechazo humillante hacia Pedro, pero Jesús se aseguró de que no fuera así (puedes leer sobre esto en Juan 21:7-9, 12-19).

En lugar de destrozar a Pedro o de tratarlo con la ley del silencio, Jesús lo restauró para el servicio. Debemos hacer lo mismo con nuestros hijos. Es fácil de decir, pero difícil de hacer, especialmente cuando alguno de tus hijos comete un error muy costoso.

Recuerdo una vez en la que mi hijo de 20 años abandonó la escuela de leyes. Podía haber sido un momento definitivo, de forma negativa, mi respuesta podría haberlo llevado al fracaso.

Pero lo ayudé a dar un paso atrás y decir “Hay una lección que aprender aquí”. Sí, se había gastado mucho dinero en una aventura infructuosa, pero quizás algunas lecciones solo pueden aprenderse a través de la experiencia.

“¿Qué cosas positivas aprendiste de ti mismo al dejar la escuela de leyes?” Le pregunté. El dijo que aprendió que podía trabajar duro y que era lo suficientemente listo como para hacer el trabajo, y compartió otrsa cosas positivas también.

Entonces le pregunté, “¿Qué podrías haber hecho de forma diferente?”

El respondió que cuando recibió el reporte de su actuación, no había utilizado bien la información. Cuando hacía un test mejor de lo esperado, lo celebraba; cuando recibía lo esperado, no hacía ninguna investigación, cuando le daban menos nota, no se acercaba al profesor y le preguntaba qué podía mejorar. En lugar de hablar con las personas que ponían las notas para averiguar cómo tener éxito, consultaba a sus amigos. Al final, no eran una fuente confiable de consejo ni ayuda de la forma en la que él lo necesitaba.

Hablamos sobre comunicación, orgullo, comenzar nuevos proyectos, atacar las partes rutinarias del trabajo antes de las emocionantes y buscar reportes.

 

Quizás algún día necesites ayudar a tu hijo a afrontar una lección de vida costosa. Si es así, recuerda que las decepciones pueden ser oportunidades de Dios para llevarnos más cerca de El. Queremos proteger a nuestros hijos de las cosas difíciles, pero eso es imposible. En lugar de ello, puede que estemos llamados a liderar caminando con gracia junto a ellos a través del valle y guiándoles entre las sombras.

¿Y tú? ¿Han cometido tus hijos algún error que te ha costado muy caro? ¿Cómo reaccionaste?

 

TG ultimo

Jesús conoce nuestro corazón, pero lo que en verdad amamos a veces se nos revela a nosotras mismas cuando se comete un error costoso. Ora hoy y pídele a Dios que te ayude a servirle como amo de todas las cosas.

 

Tricia Goyer

www.TriciaGoyer.com

 

 

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