La Parábola del Hijo Prodigo

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Muchas de nosotras estamos familiarizadas con esta parábola del hijo prodigo. En esta historia encontramos el realmente rebelde hijo menor el cual pidió por su herencia antes. Al hacer esto básicamente quería que su papa estuviera muerto. No tenía sentido de lo que era correcto y vivió una vida egoísta de fiesta, el lujo y la inmoralidad que se tradujo en la destrucción y la miseria. Al final, él regresa a su casa, un hombre quebrantado, y fue recibido con alegría y aceptado por su padre.

Luego esta el hijo mayor el cual era moralmente correcto, trabajador y un seguidor de reglas. Él hizo todo lo que debía, aparentemente respeta a su padre, y sin embargo su corazón traicionó  sus buenas obras. Él se presentó con resentimiento hacia su hermano, el amor por las cosas por sobre el amor de su padre y su justicia propia.

Los dos hermanos se reflejan los dos tipos de personas en el mundo. Los que son abiertamente rebeldes hacia Dios y no creen que lo necesitan, y los que son de justicia propia, y no creen que realmente lo necesitan. Una de las verdades de esta parábola es que todo el mundo se pierde. Los religiosos, así como los rebeldes están condenados sin Cristo. Los fariseos, con sus reglas de mantenimiento de la religión y la prostituta con su inmoralidad ambos necesitan ser rescatados. No hay un solo justo, ni siquiera uno. (Romanos 3:10)

¿Puedes identificarte con cualquiera de estos hermanos? Puedo identificarme con el más viejo. Siempre fui la encargada general, la “niña buena” que nunca se metió en problemas. Fue fácil para mí tratar y confiar en mí más que en Dios. Era fácil pensar “tengo esto”. Pero no hay nadie lo suficientemente bueno a los ojos de Dios. Todos necesitamos de Cristo y el trabajo que hizo en la cruz.

¿Sabía usted que en realidad hay un tercer hijo en esta historia (Driscoll). Este es el hijo que no era ni rebelde ni religiosa. No era egoísta o codiciosa. Él no era inmoral o autosuficiente. Él era perfecto. En realidad, él es el que cuenta la historia. Si bien es posible que podamos identificarnos con uno de los dos hermanos imperfectos, es en Cristo, el Hijo perfecto, en el que debemos encontrar nuestra identidad. Es Jesús quien nos salva y nos conduce por el camino correcto. Lo necesitamos para todo. Al igual que los dos hermanos tenían que ser salvados de los pecados de la auto-justicia y la injusticia por lo que necesitamos ser salvados de nuestros pecados.

Nuestra dependencia en Jesús va más allá de lo que podemos comprender. A través de su muerte, Jesús llevó a cabo nuestra salvación, y la necesidad de Jesús para una persona no se detiene allí. Él nos da una justicia que no podemos ganar y un poder para vivir vidas santas y vencer el pecado que no podemos reunir por nuestra cuenta. Él nos da la sabiduría que no podemos aprender por nuestra cuenta, y gracia por cada momento de nuestros días que no merecemos. Él sostiene nuestras vidas con su palabra. Él sabia y soberanamente determina cuando nacemos y donde vivimos. Él es Señor sobre el clima y tiene el poder de dar y quitar. No somos nada sin él.

¿Puedes identificarte quien eres-el mayor o el menor hermano? Hasta que no puedas hacerlo no podrás identificar a tu salvador que te rescata del pecado y de ti mismo.

Echa un vistazo al libro de Tim Keller “El hijo Prodigo” también una serie de mensajes gratis con el mismo título.

Mirando a Jesus,

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Traducido por Larissa Zelaya-Barragan

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