Un llamado a ser saladas

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En nuestro último mensaje Courtney preguntó si “estamos comprometidas a vivir una vida dedicada a Jesús.” Todo este capítulo de Lucas se centra en esta cuestión. En la segunda mitad de Lucas 14 Jesús habla de sus expectativas de aquellos que pertenecen a él.

     Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre ya su madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Lc. 14:27

     Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Lucas 14:33

 Estas son declaraciones impactantes y eso es exactamente lo que Jesús quiso que fueran. Obviamente Jesús no nos está diciendo que tenemos que odiar a nuestra familia. Esto estaría en contradicción con su mandato de amarse unos a otros (Juan 15:12) y honrar a padre y madre (Ef. 6:02), pero Él está diciendo que nuestro amor por Él debe superar todo lo demás que nos gusta en este mundo. Debemos estar dispuestos a renunciar a todo, incluso a nuestras familias si es necesario, a fin de vivir para Él.

 Es este amor radical y la devoción a Él que nos hace ser “sal” en el mundo.

     “La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será restaurada? Es de ninguna utilidad ni para la tierra ni para el muladar. Se desecha. El que tiene oídos para oír, que oiga. “Lucas 14:34-35

 La sal es muy notable. Si se cocina sin sal todo el mundo será capaz de saberlo porque la comida será un poco simple. Si la sal perdiera su sabor se volvería inútil. Jesús está diciendo que tenemos que asegurarnos de que nuestras vidas como cristianas no sean inútiles.

¿Sabías que  podrías ser inútil? Esto no es algo en lo que nos gusta pensar o hablar mucho, sobre todo en nuestros días de la auto-imagen positiva que dice: todo el mundo es único y digno,  independientemente de la forma en que vivimos. Las palabras de Jesús nos hacen sentir incómodas, y eso es exactamente lo que sus palabras deberían hacer. Palabras que son difíciles, son fáciles que nosotros las ignoremos. En su lugar, nos centramos en las cosas que son agradables, dulces y fáciles. Afortunadamente Jesús no nos deja, Él quiere que nos enfoquemos en la verdad y algunas veces la verdad es dura, como el hecho de que podemos perder nuestra sal y volvernos inútiles.

Así que ¿de qué manera puede debilitarse nuestra utilidad?

  1. Pretendiendo ser Santa

    Lo hacemos cuando no somos honestas sobre nuestras luchas y pecados. Ponemos una fachada de tener la vida bajo control y nos presentamos que tenemos todo en orden. Esta falsa justicia nos hace parecer inaccesibles e incluso falsas. Salobridad no se trata de perfección. Cierto sabor salado admite y confiesa el pecado y la debilidad. Esto no lo oculta.

  1. Al centrarnos en el exterior

    Esto puede suceder en un número de maneras diferentes. Tal vez leemos nuestra Biblia simplemente para que podamos sacar este punto de nuestra lista de cosas por hacer, pero las palabras nunca llegan a nuestro corazón. Tal vez nos centramos en la búsqueda de la mujer cristiana piadosa con el fin de ser aceptadas, o de que piensen bien de nosotras. Tal vez nos centramos en la forma de vestir, la forma en que adoramos y cómo llevamos a cabo los rituales cristianos correctos. Nos esforzamos para frenar nuestro temperamento, para hablar con un tono amable, y ponemos versículos de la Biblia en nuestra conversación con el fin de parecer más justas.

    Centrarse en el exterior revela en nosotros egoísmo, pereza, falta de motivación, una fe débil y orgullo. Salobridad tiene que ver con una fe viva, la que produce el amor y las obras. La piedad no se produce desde el exterior, sino que viene de adentro hacia afuera a través de la obra de Cristo. (John Koessler) Salobridad no se trata de lo externo, sino de las cualidades internas de la fe en Jesús que salva y santifica.

    En el mundo una persona salada es alguien que utiliza malas palabras o habla sobre temas inapropiados. Esto deja un mal sabor en la boca. Pero ser una mujer cristiana salada es ser identificable como una seguidora de Cristo. Su lenguaje y su vida está llena de gracia y de verdad, pero también es real. Lo que distingue a estas mujeres de que el resto no es fingir o representar, sino una fe profundamente dependiente en Jesús que nos llama y nos anima a caminar con Él todos los días

¿Cómo nos mantenemos las mujeres cristianas “saladas”?
1. Conoce al Señor

Estudia todo lo que puedas sobre Él. ¿Cómo las historias del Antiguo Testamento señalan a Jesús? ¿Qué significa realmente el temor del Señor? Cuan paciente es realmente Dios? ¿Qué tan profunda es su gracia? Lee las Escrituras y lee buenos libros de gente piadosa a quienes Dios ha dado una visión y comprensión especial sobre ciertos temas. Y no te conformes con saber la verdad sobre Dios, sino busca conocerlo relacionalmente. Confía en Él. Adórale.
2. Lucha contra la incredulidad y el pecado

Seguir a Jesús no es un paseo en el parque, o un picnic en la playa. De ninguna manera. Cuando nos llama a seguirle, nos invita a participar en una guerra.

“La conversión no es poner a una persona en un sillón y llevarla fácilmente al cielo. Es el comienzo de un poderoso conflicto, en el que cuesta mucho ganar la victoria”. J. C. Ryle

Tenemos que luchar activamente contra nuestros enemigos el pecado y el diablo, encontrando seguridad en Cristo, andando con Él en nuestras debilidades, en medio de grandes pruebas. Si bien el resultado ya es seguro, las batallas aún deben ser combatidas. Tenemos que luchar contra nuestro amor a la comodidad, nuestra justicia propia y orgullo. Debemos dar muerte a la pereza  y a nuestro amor por la aprobación del hombre.

Jesús no quiere seguidores “tibios” o suaves (Apo. 3:16). Él nos llama a ser saladas. Para ser vistas y conocidas como suyas. Confesar nuestros pecados, creciendo en gracia, le da toda la gloria.

 Buscando a Jesús

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Traducido por Joanna Pérez de Merino

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