El costo del discipulado

Lucas 14

 

 

¿Te acuerdas del momento en el que recibiste a Jesús como tu Salvador personal? ¿Recuerdas la emoción, el empuje, las ganas de gritarlo a los cuatro vientos? Una vez que somos salvas, comenzamos de forma natural a servir a Dios de diferentes formas. A medida que más vamos conociendo a Dios y teniendo una relación más estrecha con El, más nos vamos involucrando en la obra. Y más va demandando Dios de nosotras. Las decisiones comienzan a ser más serias, las oportunidades de servicio más profundas y ya no podemos basarnos en la emoción para tomar las decisiones, sino en el conocimiento de que el verdadero discipulado, demanda un costo…

 

…Un costo alto.

 

Lucas 14:26-27, 33

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

 

En esta parte final del capítulo 14 vemos a Jesús rodeado de una multitud que quería servirle y vemos cómo les explica qué significa realmente ser discípulo:

 

 

1. Morir a uno mismo – Lucas 14:26

 

No podemos ser verdaderas discípulas si ponemos cualquier otra cosa antes que Cristo: familia, posesiones materiales, deseos personales…Una vez que Dios está en el primer lugar, todo lo demás se va colocando en el lugar correcto.

 

 

 

2. Tomar la cruz  – Lucas 14:27

 

No podemos ser verdaderas discípulas si no estamos dispuestas a sacrificarnos y a compartir los padecimientos de Cristo. Ningún siervo está por encima de su Señor. Si Jesús fue maltratado, criticado y rechazado, Sus seguidores no deben esperar menos. Seguir a Jesús nos saca de nuestra zona de comodidad porque es ahí donde no tenemos otra opción que apoyarnos en El y permitirle hacer lo que es mejor.

 

 

 

3. Renunciar – Lucas 14:33

 

No podemos ser verdaderas discípulas de Cristo si no renunciamos a reclamar continuamente “nuestros derechos” y comenzamos a vivir una vida de humildad siguiendo el ejemplo de Jesús (Filipenses 2:5-8). Ese ejemplo nos lleva a vivir una vida alejada de la complacencia y continuamente desafiada a crecer espiritualmente. Nos lleva a no reclamar la gloria por nuestro esfuerzo, sino a buscar que sea Dios quien sea glorificado y exaltado siempre.

 

 

 

 

¿Qué está demandando Dios de ti hoy? ¿Qué te está pidiendo que hagas para El? ¿Te está sacando de tu zona de comodidad y llevándote a lo desconocido? Sé una verdadera discípula. Recuerda que entregarte al servicio a Dios tiene un costo alto, pero también tiene recompensa eterna y bendición.

 

 

 

Contenta en Su servicio,

 

Edurne

 

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2 Replies to “El costo del discipulado”

  1. Gracias Edurne! Es cierto! La Palbra de Dios siempre confronta y si en ese cuestionamiento, hallamos falla. La misericordia de Dios consuela y calma. Dios les bendice!

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