Familia

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En esta última semana de nuestro estudio sobre Lucas, tenemos por delante el capítulo 8, un capítulo lleno de temas, enseñanzas y oportunidades para desarrollar artículos. Los versículos que me llamaron la atención poderosamente fueron estos:

Lucas 8:19-21

Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.

Y me fijé en ellos, sobre todo, porque me vino a la mente cómo debió sentirse María al escuchar esas palabras. Los hermanos de Jesús no parecen haber apoyado mucho Su ministerio antes de Su muerte y resurrección, así que este aparente rechazo no debió haberles sorprendido demasiado.

Pero… ¿María?

Me imaginé por un momento el gesto de dolor de esta madre. Recordemos que ella fue la escogida por Dios para concebir al Mesías. Vuelve por un momento a los primeros capítulos de Lucas y verás a una mujer fuerte en la fe y confiada en el plan de Dios. Estoy segura de que ella sí apoyaba el ministerio de Jesús y sabía quién era y la importancia que tenía para todos ellos. Entonces, ¿no eran esas unas palabras demasiado duras para ella?

Y entonces me vino algo más a la mente: quizás el gesto de María no fue de dolor, sino de comprensión. Al ser ella una mujer piadosa quizás comprendió inmediatamente que los vínculos carnales, la sangre, no es lo único que forma una familia, sino la unión, el compartir, el día a día. De la misma forma que las familias se edifican y crecen juntas a partir de una vida en común, así también lo hace la familia de la que habla Jesús en estos versículos.

Probablemente María comprendió automáticamente que Jesús estaba hablando de otra clase de familia.

La familia espiritual.

El único requisito para pertenecer a la gran familia espiritual es tener a Cristo como Salvador personal, poner nuestra fe en Su muerte y resurrección en nuestro favor (Juan 1:12).

Pero en el versículo 21, Jesús añade algo “extra”, no para pertenecer a la familia, sino para crecer y tener el lugar que cada uno debemos ocupar en ella.

“El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.”

Si en una familia el padre se va del hogar cuando sus hijos son pequeños y nunca los ve ni habla con ellos, no va a dejar de ser su padre biológicamente hablando, pero ese padre no tendrá ningún vínculo afectivo con sus hijos que lo una a ellos y les provea de una experiencia vital común, algo que es imprescindible para que una familia crezca y se desarrolle como tal.

Lo mismo sucede con la familia espiritual. Ser parte de ella es una cosa, pero crecer y desarrollarse dentro de ella es otra cosa. Es sólo escuchando la Palabra de Dios y poniéndola en práctica a diario en mi vida, que puedo tener esa relación íntima, personal y rica con Jesús y con los demás integrantes de esta familia.

Durante estos casi ocho años viviendo como extranjera en un lugar en el que no tengo a ninguno de mis familiares cercanos, ha sido sumamente importante ser parte de esta hermosa familia espiritual que componemos los creyentes en Cristo. He derramado lágrimas en cumpleaños, Navidades, durante el nacimiento de mis hijos, en sus primeros pasos, sus primeras palabras, su primer día de escuela; en los momentos buenos, los malos, los especiales, los terriblemente difíciles… en todas aquellas ocasiones en las que ni mi madre, ni mi padre, ni mis hermanas han estado presentes. Sí, han sido muchas lágrimas de ausencia y nostalgia. Pero en cada una de esas ocasiones el Señor ha puesto al menos a una persona especial, a un hermano, una hermana en Cristo, para llenar ese vacío.

Dios no solamente nos provee con cosas materiales. También nos provee con las personas adecuadas en los momentos precisos. Ser parte de la gran familia espiritual no sólo me ha bendecido enormemente, sino que me ha dado la oportunidad de ver la preciosa mano de mi Padre Celestial enjugando cada lágrima y diciéndome:

Hija mía, aquí están tu madre, tu padre y tus hermanas

¡Oh cuánto consuelo, cuánto amor me han dado mis hermanas y hermanos en la fe en estos años! Me siento privilegiada de ser parte de esta gran familia espiritual.

Quiero pedirte algo hoy: no la descuidemos.

Así como nos esforzamos por cuidar la relación con nuestra familia de carne, hagámoslo también para fortalecer nuestros vínculos espirituales:

Fortalezcamos nuestra relación con Dios

Pongamos en práctica Su Palabra

Oremos unas por otras

Preocupémonos unas por otras

Hagamos buenas obras unas por otras

Disfrutemos unas de otras

Consolémonos unas a otras

¡Amémonos! Como hermanas, como familia en Cristo que somos.

¡Bendiciones de lo alto!

– Edurne

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7 Replies to “Familia”

  1. Edurne…this is very beautiful! Thank you for sharing your heart here…I cannot imagine what it would be like not having natural family to share those moments with. Thank God for the family that God provides…even online! It is always a blessing to read your reflections and to have your prayer support. Thank you friend!

    p.s. I struggled through with my poor spanish and then gave up and let the translator take over 🙂

    1. Oh Lisa Maria, so glad you could read it (even with the translator!! =) ) Thank you very much for your beautiful comment. I thank God for you and all the beautiful women in the International Group. You bless my life! Love! =)

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