Encontrando esperanza en nuestro compasivo Salvador

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Siempre que miro las fotos viejas pienso, “Guao, ¿realmente pasé por allí?”

Oh, hombre. Me pasó al darle una mirada a esa, esta semana – fue tomada un caluroso día de verano en el 2008 – el día que llegamos a casa del hospital con la sorpresa de nuestra vida: una nueva bebé gordita – una aventura totalmente nueva después de haber aceptado que el buen plan de Dios para nosotros sería levantar una casa llena de niños ruidosos. Todos estos años después, me maravillo de esas caras dulces que Dios ha confiado a Tyler y a mi (¡todos menores de seis por aquí!). Y sólo puedo reírme por mi falta de espacio personal y la frente sudorosa. Estoy bastante segura de que he estado sudorosa y colmada por encima desde entonces. Ja.

Recuerdo mi camino meditado, intencional y lleno de oración para convertirme en mamá. Tenía mi plan de cómo irían las cosas. Había leído un par de libros y me había comprometido con algunas estrategias. Sabía que íbamos a estar lejos ser de los padres perfectos y que nunca estaría ni siquiera cerca de tener un niño perfecto, pero antes de que nosotros idealistas nos viéramos obligados a llegar a las trincheras, nos aferramos a todo lo que teníamos. 🙂

Y llegamos a las trincheras que hicimos, justo fuera de la puerta. Había cólicos y agotamiento, que se convirtieron en Hospitales Infantiles y diagnósticos. Y para ser honesta, estas cosas palidecían en comparación con los retos que nos enfrentamos a un muy “animado” hijito de tres años (“animado”… buena esa, ¿eh?), Que a menudo nos hizo correr por nuestro dinero. Yo era la madre que tenía que abandonar las fiestas de cumpleaños pronto y decir no a las citas para jugar en el parque, porque simplemente no podía manejar una escena más. Recuerdo que me preguntaba cómo podía derramar tanta pasión, amor y compromiso en esta cosa llamada maternidad, sólo para sentirme tan derrotada y sola al final del día.

¿Alguna le ha pasado?

Nunca olvidaré la noche, después de un día especialmente difícil (de corregir y reorientar y corregir y entrenar otra vez…), cuando puse mi cuerpo cansado a dormir en el suelo fuera de la habitación de mi hijo pequeño, y comencé a sollozar mientras oraba en voz alta, pidiendo a Dios que interviniera sobrenaturalmente. Clamando por Su sabiduría y misericordia. Le pedí que tomara el corazón de mi niño, rogándole que consolara el mío. Rogué a mi manera hasta bien entrada la noche, ¡oh, habría mucho que contar sobre como expuse toda mi pena y mi miedo a mi Padre.

Dios, ¿me recuerdas que no estoy sola en esta batalla?

Y como un río, Sus palabras de compasión pelearon su camino al primer plano de mi mente:

Mi gracia es suficiente… (2 Co. 12:9)
Estoy cercano a los de corazón quebrantado… (Sal. 34:18)
Acércate a mí y yo me acercaré a ti…(Sant. 4:8)
Conduzco gentilmente a las recién paridas…(Is. 40:11)
Sé fuerte y valiente, Yo estoy contigo…(Jos. 1:9)
Nunca te dejaré ni te desampararé… (Heb. 13:5)
Yo soy poderoso para salvar…(Sof. 3:17)
Nada es imposible para mí…(Jer. 32:17)
Yo soy el que te sostiene…(Sal. 54:4)
La batalla es mía…(2 Cro. 20:15)
No temas, porque Yo estoy contigo…(Is. 41:10)
Mi compasión nunca falla…(Lam. 3:22)
Puedes llorar toda la noche, pero por la mañana vendrá la alegría…(Sal. 30:5)

Hija Mía, no estás sola en esta batalla. ¡Qué Salvador más compasivo y amoroso!

Esa noche fue hace más de ocho años, y por la gracia de Dios, yo no soy la misma mamá desesperada que una vez fui. Dios ha derramado su compasión sobre mí, y Él me ha cambiado. Su presencia y paz me han refinado y me trajeron alegría. Su gracia me ha hecho viva en Él. Puedo contar historias de su bondad y ahora puedo incluso animar a aquellas en las trincheras – no porque la vida sea siempre fácil o yo lo haya imaginado todo – sino a causa de la esperanza que Él brinda más allá de lo que este mundo puede ofrecer.

¿Alguna vez has tenido momentos… días… tal vez incluso años… en tu vida en que te puedes identificar con la afligida viuda en Lucas 7? Probablemente no en sentido literal la mayoría de nosotras, pero tal vez has sufrido la muerte de un sueño, o soportado una carga que parecía demasiado pesada de llevar. Tal vez estás de luto por relaciones muertas, o has perdido cualquier esperanza o seguridad para tu futuro. ¿Podría ser que algunas de ustedes han tenido varios días realmente duros – por cualquier razón – y simplemente están deseando sentirse vivas otra vez?

¡Oh amiga, corre a tu Padre misericordioso, que sabe lo que es sufrir una gran pérdida, y aún así levantarse victorioso sobre la muerte!

Él desea brindarte Su amor y vida a tu situación actual. Y una vez que hayas experimentado Su compasión, no serás capaz de mantenerlo para ti misma. Entonces serás capaz de decir algo más que tú solo estas “pasando por esto”.

Serás capaz de dar testimonio de la belleza que viene de Él, a causa de Jesús.

A Sus pies,

Withney -GoodMorningGirls.com

Traducido por Joanna Pérez de Merino

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2 Replies to “Encontrando esperanza en nuestro compasivo Salvador”

  1. MUCHAS GRACIAS,POR TODAS ESTAS PALABRAS,LASTOMO PUES PARECE QUE FUERAN PARA MI, SUS PALABRAS HAN TRAIDO MUCHA PAZ A MI CORAZON,Y CREO FIRMEMENTE QUE MI VIDA DE AHORA EN ADELANTE SERA EN VICTORIA POR QUE EL SIEMPRE ESTA AMILADO,SI ANTES NUNCA ME ABONDONA ,AHORA SERA IGUAL ,GRACIAS SEñOR POR TODA TU MISERICORDIA BONDAD Y TU INMENSO AMOR.

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