Bienaventurados

Bienaventurados los pobres

Esta semana vamos a poder estudiar en nuestros grupos GMG el “Sermón del Monte” (Lucas 6:17-49; Mateo 5:1–7:9). Ninguna enseñanza de Jesús hizo tanto impacto como esta, que supone, además, el resumen de Su enseñanza ética. Muchos estudiosos de la Biblia se refieren a este sermón como “La agenda del Reino de Dios”. No trata tanto de la salvación, sino que da los principios de cómo trasladar la enseñanza de la Escritura a nuestra vida diaria. Está dirigido a sus discípulos en general, no sólo a los 12, sino a todos los que le seguían, aunque todos podían (y debían) escuchar.

En Palabras de Ryrie, el sermón del monte presenta el camino de la vida justa para los que están en la familia de Dios, contrastando el Camino nuevo con el antiguo (la ley) de los escribas y los fariseos. Para los judíos del tiempo de Jesús, este mensaje era una explicación detallada de “arrepentíos” (3:2; 4:17). Era también una elaboración de del espíritu de la ley (5:17, 21-22, 27,28). Para todos nosotros, es una revelación detallada de la justicia de Dios y sus principios siguen vigentes hoy en día.

En el día de hoy quiero hablarte solamente de 4 versículos cargados de significado y promesas de bendición: Las Bienaventuranzas

Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.
Lucas 6:20-23

“Bienaventurado” significa “dichoso”, “feliz”. Las bienaventuranzas describen la condición interna de un seguidor de Cristo y le prometen bendiciones en el futuro.
¿Quienes son llamados “bienaventurados”? Los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los que son aborrecidos y vituperados… ¡Nada que ver con lo que el mundo considera “dichoso” o “feliz”! Pero esto tiene sentido para Dios, porque, con cada condición, Jesús da una promesa que se cumplirá, un “galardón grande en los cielos” (v. 23).

Con “pobres” se refiere a los pobres de espíritu, aquellos que, al no tener nada, tienen que pedir para conseguir hasta lo más básico. El conocimiento de nuestra extrema pobreza espiritual es un requisito imprescindible para la salvación: nunca aceptaremos a Jesús como nuestro único recurso mientras tengamos expectativas de nuestros propios recursos espirituales para llegar a Dios. La pobreza espiritual está puesta en primer lugar porque pone en perspectiva las demás bienaventuranzas.

Los pobres, los hambrientos y los que lloran van a ser bendecidos porque Jesús va a suplir su necesidad. Desgraciadamente buscamos saciarnos con las cosas equivocadas, cuando es Jesús la respuesta a toda esa necesidad.
Cuando buscamos a Dios de la misma forma en la que el pobre busca dinero, en la que el hambriento busca comida o el que llora busca consuelo, seremos perseguidos por aquellos que buscan otras cosas. Pero podemos regocijarnos cuando somos perseguidos porque sabemos, con certeza, que estamos en el lado correcto, en el lado de Dios.

¿Cuál es tu condición espiritual? Has reconocido que no eres nada sin Jesús? ¿Lo conoces como tu Salvador Personal? ¿Has puesto tu confianza en que El murió por ti, cargando tus pecados en la Cruz y derramando Su sangre preciosa para hacernos libres?
Si es así, sea la que sea tu condición actual…
…hambrienta…
…entre lágrimas…
…perseguida a causa del Evangelio…

…puedes contarte entre los bienaventurados, los dichosos, los felices, los bendecidos, porque Dios está contigo en todo momento y te promete algo mejor de lo que estás viviendo ahora mismo.

Y si no es así, si no sabes que Jesús es tu única esperanza, por favor, no te vayas de esta página sin dejarme un mensaje para que podamos charlar sobre las hermosas enseñanzas que Jesús dejó para todos nosotros.

Las promesas de Dios son verdad. Su Palabra es verdad. El dice que seremos saciados, que reiremos, que no habrá más persecución, ¡que el reino de Dios es nuestro!

¿Lo crees?

Edurne

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