De la Sinagoga a las Calles

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Era como cualquier otro día, con una lista de cosas para hacer de un kilómetro de largo. Almuerzo y siestas llegan demasiado rápido en la rutina diaria con los niños,  a menudo estoy a las carreras para completar mis tareas temprano y evitar colapsos innecesarios.

Ah, sí, nosotras, las mamás estamos muy familiarizadas con las ventanas de crisis, ¿no? he.

El último elemento en mi lista de cosas por hacer era terminar con las compras, y a toda velocidad me dirigí a pagar, sintiendo esa ventana familiar acercándose. Parece, Siempre con prisa. Mi mente está continuamente marcando las tareas terminadas, y rápidamente planificando la siguiente. Y el plan que tengo en mi cabeza, mientras espero no tan pacientemente en fila para que sea nuestro turno.

La señora de la salida había tenido uno de esos días, me di cuenta. Aunque yo prefería evitar que los pequeños hablaran para garantizar una mayor eficiencia a través de la línea, mi niña, a la manera de sus cuatro años de edad, no dudó en entablar una conversación con nuestra agotada cajera. A diferencia de mí, la empleada de la tienda por departamentos no parecía tener prisa ese día. En cambio, sus manos se movían lentamente y sus ojos tristes hablaban de una pesadez en su corazón.

Hablaba en serio cuando le pregunté cómo estaba, y ella comenzó a llorar mientras me decía que enterró a su madre el día anterior, después de un giro inesperado en los acontecimientos. Tomé su mano, la consolé lo mejor que pude en el momento que teníamos disponible, y le aseguré que yo realmente iba a orar por ella. Y lo decía en serio.

Y Dios me detuvo en seco mi apresuramiento.

La gente está sufriendo. Y la culpa es mía,  que por estar envuelta en mi agenda, a menudo pierdo más oportunidades iguales que ésta.

En nuestra lectura de Lucas 4 esta semana, me llamó la atención el hecho de que Jesús empezó en la sinagoga, leyendo estas palabras de Isaías a la gente familiar de su ciudad natal:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha
ungido para dar buenas nuevas a los pobres.
Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos
y devolver la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos,
a proclamar el año de gracia del Señor”.

Sin embargo, continuando en el capítulo, la demografía de Jesús cambió rápidamente. Él hizo algo más que leer acerca de su ministerio. Él lo vivió.

Jesús hizo un hábito de no permanecer de lejos en la sinagoga o en lo familiar, sino que no perdió tiempo en encontrar su manera de salir a la calle y a las vidas de los quebrantados.

Avancemos rápido un par de miles de años más o menos, y nos encontramos en una cultura que prefiere una pulcra independencia y la familiaridad. Estamos demasiado atraídas por la belleza, el éxito, y esa comodidad que está dentro de las paredes de nuestras iglesias. Mantenernos bajo perfil es mejor, porque francamente, tenemos agendas que cumplir.

Vivir como Jesús puede causar problemas. Es un paso audaz hacia lo impredecible, y tal vez ni siquiera es tan popular para algunos. Significa no estar tan a gusto en nuestros lugares seguros, tan contentos de tomar el Evangelio sólo para nosotros mismos, que nos olvidamos de llegar a los no-tan-pulcramente ubicados ​​fuera de las paredes de nuestras iglesias. Es codearse con los que sufren y los perdidos, para que puedan encontrar la esperanza en más de lo que este mundo tiene para ofrecer. Se está tan cambiado por causa de Jesús, que de buena gana y muchas veces dejaremos a un lado nuestra propia lista de cosas por hacer el tiempo suficiente para mirar a través de Sus ojos y buscar al quebrantado que nos rodea.

 Si queremos vivir verdaderamente como Jesús, tenemos que salir de nuestras “sinagogas” de los horarios y el egoísmo, y dar el paso a la calle… amar a los quebrantados que tienen necesidad de un Salvador.

¿No estás segura de por dónde comenzar? Créeme, si reduces la velocidad lo suficiente y le pides a Jesús que te dé Sus ojos… no tendrás que ir muy lejos.

  “Jesús salió de la sinagoga y se fue a la casa de Simón.” ~ Lucas 4:38

 A Sus pies

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 Traducido por Joanna Pérez de Merino

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2 Replies to “De la Sinagoga a las Calles”

  1. Muy cierto lo que mencionas respecto a nuestras vidas tan ocupadas y ajetreadas. Recordemos cuando Jesus le dice a Martha lo atraeada que estaba con tantas cosas en lugar de aprovechar la oportunidad de deleitarse en el mismo Dios, justo en el momento que lo tenia frente a ella. Realmente perdemos tantas oportunidades cumpliendo con tantas tareas y definitivamente si vemos en restropectiva son solo tareas cumplidas y lo esencial por lo que fuimos llamados lo estamos dejando de lado.

  2. Ndeee, es verdad muchas veces queremos encerrarnos en nuestras sinagogas, porque si echamos una mirada a la calle hay más trabajo que en la agenda…

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